martes 8 de diciembre de 2009

La primera prueba


La tenía enfrente, sentada en la pequeña mesa de la terraza del restaurante italiano que cubría un mantel a cuadros rojos y blancos. Estaba hermosa, aunque algo cambiada. Su rostro había adquirido serenidad y los rasgos de la cara expresaban una mayor dulzura. Hablaba de manera reposada y segura. Hablaba mucho, esto seguía siendo igual que antes.

A través de la poca distancia que los separaba a ambos él sentía, sin embargo, la presencia de algún impedimento de carácter cósmico. Quizás un agujero negro de los sentimientos, que los tragaba por entero, haciendo imposible que llegasen del uno al otro. Pero aquel espacio estelar era sin duda anisótropo, sus propiedades no se manifestaban de la misma forma según la dirección que se tomase. A él le producía dolor la calmada indiferencia de la que fue su amada. Ella se mostraba imperturbable, satisfecha, actuando totalmente convencida en su nuevo papel.

¿Estaba con la misma persona? ¿Con aquélla que le declaró un amor apasionado? ¿Con la mujer que se derretía cuando la acariciaba? ¿Con la que deseó concebir un hijo junto a él? No, sin duda. Intentó pues elevarse por encima de su propia emoción y contemplarla, ver como se marchaba volando. Aunque ésta, pegadiza, pareciera no desear hacerlo y se quedase revoloteando en torno suyo.

Una racha de aire fresco invernal le acarició el rostro. Miró hacia el horizonte anaranjado en el que se ponía el sol. Relampagueó en su interior un fuego de color fresa suave. Sonaron imaginarios tambores de combate para el pequeño héroe viajero. Se levantó para despedirse, besando a sus acompañantes de mesa y besándola a ella. Había sido su primera prueba, sin duda. Era preciso ponerse de nuevo en camino.

viernes 4 de diciembre de 2009

¡¡Peligro!!

¿Me gusta el peligro? ¿O es que simplemente me atraen mujeres- y más en general objetivos vitales - que lo conllevan? No sé contestarme en estos momentos. Pero lo cierto es que, una vez renuncié de manera consciente a una “vida estable”, me he visto de continuo inmerso en situaciones que de una u otra forma pueden ser calificadas de “peligrosas”. Y también, puesto que dos y dos suman cuatro, he cosechado las correspondientes hostias. ¡Aunque haya tenido mis buenas "compensaciones"! Sea como sea, mi filosofía, mi visión del mundo, me lleva a pensar que se trata de un “aprendizaje”. Espero no morir en el intento.

Reflexiono que en estos combates actúo casi siempre a la manera del “guerrillero”. Parece que los recursos que se hallan a mi disposición permiten poco guerras convencionales, con brillantes despliegues y exhibición rotunda de las propias fuerzas. En parte puede que el “peligro” de que hablaba antes esté asociado a tal circunstancia: tener que enfrentar, con medios no excesivos, fuerzas poderosas. Pero bueno... ¿acaso no es esto lo que me atrae?

Afrodita, la perversa diosa lujuriosa, se me aparece siempre asociada a la incertidumbre y al riesgo: mentes ágiles y tormentosas, edades desparejadas, deseos nada convencionales, prácticas sexuales atípicas, situaciones de infidelidad, distancias kilométricas, citas complicadas, rivales amorosos del calibre de Marte o Apolo... Al final, no me queda más remedio que actuar medio emboscado. “¿Dónde está ahora el Vietcong?”, preguntaba un mando norteamericano en una famosa película. “En algún lugar de la selva”, le contestaban.

viernes 27 de noviembre de 2009

La noche



La noche en la que deambulo me acaricia,
con farollas amarillas que sonríen,
y coches rápidos que rugen,
sobre un asfalto muy cansado.

La noche me enseña ventanas,
iluminadas de misterio,
tras las cuales presiento lo que no tengo,
y señales ciertas de lo que tendré.

La noche posee silencios callados
y preguntas formuladas,

problemas repetidos sin ser resueltos,
ansias que gritan para ser satisfechas,
y calmas aisladas, ojos de huracán.

La noche abre bares de luces blancas,
saludados por borrachos y crápulas,
por estudiantes y lindas meretrices,
por andariegos insomnes perdidos.

La noche no cerrará esta noche,
y aunque me negará muchas respuestas,
realmente ninguna hace falta,
porque el examen amigos,
os juro que lo copiaré.

miércoles 25 de noviembre de 2009

El baile

Con la habitación completamente a oscuras, la mujer bailaba alocadamente. Iba desnuda, sintiendo con exaltado placer como su cuerpo estilizado, ágil y vibrante, se movía arrastrado por los compases de la música. Las notas eran descargas luminosas en su cerebro, gotas de ácido mágico que caían sobre las neuronas transformándolas una a una, otorgándoles formas y colores indescriptibles, desconocidos, narcotizantes. Eran sogas elásticas estirando malignamente y sin compasión todos sus músculos, convertidos en los mecanismos de una posesa marioneta danzante. El sudor empapaba ya toda su carne, pero actuaba como un energético lubricante que parecía ser reabsorbido por los propios poros de que manaba. Y al penetrar nuevamente en su interior estallaba en una combustión explosiva.

Cada movimiento, cada violenta y rítmica sacudida significaba para ella un latigazo delicioso. Sus caderas habían empezado a moverse como si copulase. ¡Adelante, atrás, adelante, atrás! Buscando una verga para llenar con más sangre un coño que ya le hervía. Frenética, incapaz de esperar ya más lo que deseaba, queriendo también dar a luz una nueva coreografía, asió a tientas un grueso vibrador y lo introdujo en su sexo. Clavadas ahora sus piernas en el suelo, abiertos y chorreantes los muslos, batió en su interior el consolador con paroxismo. Sentía el oscilar rápido de las tetas, el endurecimiento emputecido de sus pezones llamando a gritos una boca para comerlos, el coro gigantesco de todo su ser clamando por un bestial orgasmo.

Estalló de manera impresionante. Mientras la sacudían cien mil truenos cayó al suelo, quedando temblorosa, entre espasmos lúbricos, a cuatro patas. Entonces, tal como habían acordado, oyó la puerta abrirse y cerrarse. Respirando aceleradamente, con el corazón dándole mazazos como un tambor demoníaco, se abrió más de piernas. Y así pudo por fin juntar más rojo a su rojo, sentirse caníbal de aquel miembro que la llenaba y correr otra vez hacia su muerte blanca.

viernes 20 de noviembre de 2009

15 balas y un piercing


La mujer brillaba frente a mi, apuntándome con el arma. Con las piernas abiertas y flexionadas, los brazos extendidos, la mano izquierda cubriendo protectora a la matadora derecha, cuyo dedo índice acariciaba el gatillo. Una Walther P99- que parecía formar parte del cuerpo de la hembra convertida en ciborg -abría su boca para taladrarme, mientras quince inquietas balas de nueve milímetros se agitaban en el cargador, más que dispuestas a emprender veloz carrera teniéndome como meta.

Entonces, durante un instante infinito, me vi muerto. Estirado elásticamente el tiempo, hasta pude pensar que no estaba mal. Que aunque lo que habría deseado hubiera sido morir a causa de otro tipo de descarga, ésta también me satisfacía, porque igualmente la provocaba ella. Desnuda por completo, tensos todos sus músculos de felina, clavados los ojos en mi inundándome de azul, me iba a matar. Deseé respirar a distancia el aroma narcótico de su coño, otra boca sin duda asesina, para inhalarlo como postrera oración lúbrica. Así se paga, razoné, el entrar de golpe y sin avisar en la habitación de una espía, aunque uno se haya citado con ella. ¿Por qué el amable conserje se prestó a facilitarme otra tarjeta de entrada para mi ocurrente broma?

Pero un destino misericordioso iba a extender finalmente las quince víboras de plomo sobre sábanas, logrando convertirlas en besos húmedos, largos y lentos. No hicieron manar sangre roja, sino fluidos acaramelados y chorreos de blanco. No abrí la boca para exhalar el último suspiro, sino para que nuestros labios se uniesen. No me acribilló el plomo mortal, sino el metal amable del piercing atravesando uno de sus pezones. Afortunadamente, mi espía tenía muy buenos reflejos.

domingo 15 de noviembre de 2009

Esferas


La geometría nos dice que la esfera es un cuerpo sólido limitado por una superficie cuyos puntos equidistan todos de otro interior llamado centro. Se trata de un volumen simple, parido por el cosmos millones de millones de millones de veces y aun más. Una forma incrustada en el alma de soles y planetas, diseñada- diría un platónico -en el Cielo como pura idea y reproducida luego, burda y materialmente, en la Tierra. Puede ser piedra escurridiza, verde guisante, pez globo, gota de agua o de mercurio, bola de nieve, artefacto aerostático, perdigón, acero móvil en una máquina de entretenimiento, pieza de rodadura para mecanismo, arma medieval matadora, boleadora de gaucho, lámpara de mesa o farola callejera... Y pelota para jugar, indudablemente, de donde por cierto le viene su nombre de origen griego, σφαῖρα, sphaîra.

De un tiempo a esta parte las esferas se han introducido en mis neuronas y, así, muchos de los pensamientos que las habitan han tomado su forma. Las ideas oscuras, que agarrotan el alma y conducen la mente hacia despeñaderos, son humo negro en el interior, gas pútrido en densas volutas, condensando finalmente esferas hechas de gusanos, listas para ser expulsadas, arrojadas a lo lejos donde no puedan producir daño alguno. Muchas esferas, muchos gusanos, incontables lanzamientos realizados con sumo esfuerzo, pero sin embargo en apariencia efectivos.

Construyo también esferas de fuego y de luz, brillantes y amarillas como soles, para depositar en mi centro. Su calor me penetra por entero, célula a célula, músculo a músculo, hueso a hueso. Y se transforma en verde agua de mar cristalina, sedante, mágica, primordial, respirada por ninfas sagradas de cuerpos voluptuosos, diosas amigas que moran las grandes charcas saladas dejadas por la marea en las desiertas e inmensas playas batidas por el sol que visito en sueños. Ellas son mi geometría poética, el aliento que llega entre risas, despedido por sus curvas, por sus círculos turgentes violáceos, por sus esferas lúbricas destellantes, mostrando la cara amable del universo.



Y para acabar de verdad... ¡Un poco de porno marino!

martes 27 de octubre de 2009

El camino del Cielo


Presente incierto envuelto de niebla,
tragicomedia de fantasmas mordedores,
cuando me muevo cerca de un abismo,
paridor de la más profunda sima.

¿Por qué tanta oscuridad negra,
puertas abiertas cegadas,
misteriosos jardines del Edén transformados,
en grietas rotas y polvo sucio?

¿Por qué el sexo batiente sigue,
llamando frenético a la descarga,
y sacude mi mente la asfixiante carne,
de los cuerpos que han de ser poseidos?

¡¡Imperativa lubricidad abrasadora,
que exalta al ser satisfecha,
cuando los fluidos se esparcen dulces,
alimentando nuestras pieles!!

¡¡Encabritado amor disolvente,
potente ácido alucinador,
que me pasea por paraísos,
cabalgando moléculas irreales!!

Así es mejor que todo sea,
y así es preferible que ocurra,
pero si el deseo se parte,
y ni una gota de amor alimenta,
preciso resulta forzarse,
a continuar impasible el trayecto.

Son las seis líneas fuertes,
una sobre otra repetidas,
incuestionables y recias,
formando mi Autovía Azul,
cincelada a dinamita por el Cielo.